El trabajo artístico de Picasso en los años sesenta se veía envuelta entre la producción pictórica y escultórica donde incide una y otra vez sobre el mismo tema; en este caso hablamos de la iconografía de la mujer sentada, tema picassiano donde vemos nuevamente la distancia y la cercanía que produce la admiración de una mujer en reposo, tal y como veíamos anteriormente en el Sueño.
Aquí tenemos la obra pictórica de Mujer sentada de 1962 donde reconocemos perfectamente la figura femenina desnuda sentada en el suelo. Su cuerpo es una construcción a bases de planos, como bien hacía en sus esculturas de chapa, pero, en este caso, Picasso trasladó esta concepción al plano bidimensional del lienzo. De la misma forma que ocurría en el Sueño la mujer representada se moldea en la superficie pictórica en formas curvilíneas y sinuosas donde ensalza el carácter erótico gracias a la belleza de estas líneas creadas. Destacamos, por ejemplo, la resolución de las nalgas de la modelo, la formación de los contornos de los pechos y la posición de las manos acentuando el carácter de reposo y de sumisión ante el ojo del pintor.
La formación facetada de la figura y la aplicación de una iluminación arbitraria recuerda mucho a su etapa cubista, pero Picasso añade algo que desencaja la figura en el espacio y que también corresponde a una característica de su pasado cubista: el color. El uso del color neutral de grises azulados en el cuadro hace que la modelo se nos presente más fria y distante ante nosotros. El espectador percibe un carácter anti erótico, pues el cuerpo de la dama desprende, gracias a este uso del color, una sensación de ser casi un cadáver. Aún así la modelo respira y vive en sus formas, pero ocurre lo contrario de lo que sucedía en el Sueño, pues esta última dama no invita al espectador a compartir su compañía. La figura, por tanto, se independiza de la mirada lasciva del espectador, toda una paradoja en la producción erótica de Picasso.
Bibliografía:
- Duncan, D. G., The private world of Pablo Picasso, New York, Ridge Press.
Agustín Gonzalo Mass Rivera.

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