domingo, 5 de mayo de 2013

Siguiendo la estela de El sueño, Picasso, en plena irrupción de los años 30, nos sorprende con una nueva concepción formal y colorista debido, en parte, a la llegada de su nueva modelo, Marie -Thérèse Walter, que le inspira una nueva perspectiva en cuanto al retrato femenino se refiere. La deleitación erótica en la pintura de Picasso en estos años es, como ya sabemos, de las mejores dentro de su corpus de obra.


En esta obra vemos a la modelo entregada al pincel del artista en toda su magnificencia. El cambio de esta mujer-modelo supone, para el propio Picasso, una mutación en cuanto a la forma y colorido en sus lienzos como bien citábamos anteriormente.El artista en estos años, y sobretodo en esta pintura, asocia la sexualidad femenina con numerosos conceptos, como bien puede ser la fecundación orgánica. Esta última idea lo evocan piezas frutales que expresan la idea de fertilidad, como bien pueden ser los senos de forma de manzana, una cabeza que parece una habichuela y un brazo que se erige en forma de huevo; tambien se observan hojas y peras que subrayan el entorno orgánico-naturalista de la escena. La historiadora Jean Leymarie nos dice que el desnudo en sí, y como también nos recuerda la mítica pintura de El sueño, corresponde a una serie de retratos donde la modelo (la citada Marie -Thérèse Walter) encarna la figura de la mujer durmiente entregada de forma ingenua a la delectación erótica, con la convivencia vegetal. Nuevamente vemos la formas curvilíneas de la modelo que llenan de elegancia sinuosa a la figura erótica de la modelo francesa y que el espectador, encantado, se deleita de esta silueta de gran carga erótica.

Bibliografía:
BERNADAC, M. L., Picasso. Genialidad en el arte, Blume, Barcelona, 2011.

Agustín Gonzalo Mass Rivera.

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