lunes, 13 de mayo de 2013

Picasso al afirmar que "el arte nunca es casto" propugna la razón de ser de su creación artística, en este caso estamos hablando del aspecto erótico de éste. Después de sus series de desnudos acostados de 1964 (en relación, también, a la ya analizada serie de Rafael y la Fornarina), y casi a finales de sus años de vida, el pintor malagueño aumenta su producción artística con elementos de la sexualidad, sobretodo expresados en el mundo de las parejas.


En este Beso de 1969 vemos un Picasso que se sumerge en el mundo de los amantes, de la misma forma que hacía con algunas pinturas suyas en los primeros años del siglo XX. La potencia erótica del artista se vislumbra en la pasión de los enamorados en el acto amoroso del beso en los labios. El foco erótico se ensalza en el acto del beso y ya no tanto en consagrar la figura femenina como musa y "elemento" de deseo, como bien ocurría en las obras anteriormente analizadas.
Picasso desnuda la sexualidad de forma explícita, en este caso particular resumido en la satisfacción amorosa de la pareja. Vemos en este cuadro dos perfiles, que se funden en una única línea, besándose uno con otro. Picasso parte en ejecutar a dos seres que se fusionan en uno solo, todo ello gracias a la unión de ambas figuras con el beso, el verdadero culpable de esta "metamorfosis" de formas particulares. Unión carnal y amorosa que se resume en el acto pasional y que Picasso lo sacraliza de la mejor manera posible, en el mismo arte.

Bibliografía:
BERNADAC, M. L., Picasso. Genialidad en el arte, Blume, Barcelona, 2011.


Agustín Gonzalo Mass Rivera.

No hay comentarios:

Publicar un comentario